jueves, 21 de mayo de 2009

Soledad

.e.r.


Estoy enojada y no sé por qué. Algo me está estorbando pero por más que busco entre mis pensamientos no sé qué es. Es una sensación que me persigue a cada lugar que voy. Me hostiga, me incomoda, me inquieta. Volteo a todos lados a ver si hay algún indicador que me haga caer en cuenta de qué me está pasando.

Como puedo trato de escapar de “eso” y tengo subidones de estado de ánimo que me hacen ser contenta y sonriente, pero al final del día esa presencia se instala en el lado vacío de mi cama y duerme conmigo. Es una voz que me dice que no puedo pretender ser autónoma siempre, que necesito relajarme, soltar el cuerpo y darme una oportunidad de darle una oportunidad a alguien.

Empiezo a creer que es la puta Soledad que ya está cansada de acompañarme durante dos años, viéndome convertirme en una mujer cada vez más fría, menos sensible, apática y sociópata. El problema –para ella- es que no puede irse y dejarme así como si nada, en nuestro contrato acordamos que no se iría hasta que llegara alguien que me hiciera sentir mejor que ella, y esa persona aún no ha llegado, aunque he de confesar, que tampoco la he buscado.

Estoy escribiendo puras pendejadas. ¡Ya-lo-sé!


martes, 19 de mayo de 2009

¡Es lesbiana!

.lara jade.


¡Es lesbiana, es lesbiana!


Expresión asombrada que le hizo una mujer a otra mientras hacíamos fila para pagar el servicio de televisión por cable cuando yo –libre como soy- hablaba por teléfono con Miranda, esperando mi turno de llegar a ventanilla, de sus homosexuales desventuras amorosas.

Me hizo el día esa señora. Y creo que tal vez ella , de la impresión, se suicidó. ¡Ja!


lunes, 18 de mayo de 2009

Extrañando a Benedetti...

.google.

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
O sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


¿Quién -sino él- puede llenar el vacío que su ausencia deja en mi?

sábado, 16 de mayo de 2009

Lejanos ayeres

.google.


Las voces subieron de tono. Simplemente no había manera de ponerse de acuerdo, siempre fueron agua y aceite, imposible de mezclar. En su cabeza sólo había un pensamiento: bajarse del coche y salir de esa escena tan desagradable y tantas veces vivida.

Ya ni siquiera escuchaba las palabras ofensivas de las que era protagonista. Miraba fijamente cada luz verde de los semáforos esperando que el siguiente cambiara de color. Y así fue, sin pensarlo se aferró la bolsa al hombro, se quitó el cinto de seguridad y abrió violentamente la puerta del coche, una mano ajena quiso detenerla acompañada de más gritos e insultos.

Eran las tres y media de la mañana, el cuerpo intoxicado de alcohol, el aire frío cortando su rostro y ella sola devorando velozmente las diez cuadras que la separaban de su casa. No sintió miedo, no sintió pena por ella misma, sólo sonrió.

Se desnudó, se metió a su cama y hasta entonces decidió leer el mensaje que había recibido. Tampoco le importó, otra vez sonrió y se durmió.

viernes, 15 de mayo de 2009

Ruido

.google.


¿Por qué putas madres no puedo dejar de pensar?



¡Pinches neuronas madreadas! ¿Quién las invitó a las muy malditas a vivir en mi cerebro? Pareciera que entre más deseo yo convertirme en un ser no pensante, ellas más se divierten bailando y platicando como si estuvieran celebrando no-sé-qué en una amenísima fiesta lounge mientras se beben sus martinis de sabores. Ruido, es todo lo que ellas saben hacer. ¡Las odio!

jueves, 14 de mayo de 2009

Sin título # 8

.google.

Es mi primer día de la semana que estoy sola. Casi siempre hay gente en esta casa: entrando, saliendo, haciendo movimiento. Hoy, afortunadamente, no.

Se oye a lo lejos el ruido del tren, me fascina el ruido del tren, son de esos íntimos secretos que conocen muy pocas personas. Me reconforta, me hace sonreír. He llegado a estacionarme sola, algunas pocas ocasiones, a lado de la vía del tren sólo para verlo y escucharlo pasar. Sin embargo hay un ruido que opaca su silbido en este momento y que incluso me gusta más pero me llena de nostalgias: la lluvia. Están cayendo grandes gotas que revientan en el techo de mi terraza y magnifican su sonido. Tengo la ventaja de poder sentarme en el quicio –alfombrado- de la puerta de mi cuarto, abierta y ver tan romántico espectáculo. Y tan triste.

No hay nada más triste que el olor a tierra mojada, el silbido de un viejo tren de carga, las hojas de los árboles moviéndose a merced del viento, truenos agrietando el cielo, una torrencial lluvia, y uno sola. Me acompaña sólo mi cigarro y el humo que arrojo de mis bocanadas forma divertidas figuras mientras revolotea entre las gotas de lluvia, como si intencionalmente quisiera acercarse a ellas. El eco de los granizos se confunde con mi corazón acelerado.

Agradezco infinitamente estar disfrutando este primer aguacero del año, sola. Sin el barullo de las risas, las voces, las botellas chocando al brindar, como cada noche en este lugar. Hubiese querido que este año –por fin- recibiera las lluvias de mayo acompañada de alguien especial. Otro de mis íntimos secretos.

Eso me pasa –dicen- por ser tan exigente, por no abrirle la puerta a cualquiera, por darle a mis labios un valor tan elevado que prefiero que no sean besados, por no permitir que nadie toque mi cuerpo para robarme una caricia intencional. Soy mi templo, soy mi dueña, y aunque en momentos como hoy quisiera que me hiciera suya cualquiera que me deseara, no puedo, no puedo.

Me adormece el ruido de la lluvia golpeando el asfalto, mezclándose con los hielitos traviesos, mientras el cielo se queja una y otra vez con gritos cada vez más fuertes. Extraño no extrañar. Me duele que no me duela. Siento tanto no sentir. Al menos aún puedo llorar.