sábado, 9 de mayo de 2009

Normalidad

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¿Por qué no puedo ser una mujer normal? La vida sería mucho más fácil de llevar.

Para empezar: ¿Por qué no me gustan los hombres? Podría tener una vida de revista: marido, hijos, casa, camioneta, perro y gato. Y de todo eso nomás tengo el gato. Porque ni a novia llego.

¿Por qué no me gusta mirar televisión? Sería fantástico aplacar a las neuronas de mi cerebro y dejar de estar todo el día pensando y pensando mientras me concentro solamente en un aburrido programa.

¿Por qué no soy adicta al Facebook? Apenas la semana pasada un amigo mío ya no pudo más con lo que él llamó: “mi retraso” en el mundo cibernético. Hoy soy miembro de FB pero aún no comprendo cómo se maneja.

Y como esas cosas, tampoco soy adicta al Messenger, ni al Wii, ni al Xbox ni a nada que enajene los sentidos. Ni siquiera soy adicta a las drogas.

Pero me encanta leer, escribir las estupideces que se me ocurren, tomarme un buen vino en agradable compañía, escuchar música, acariciar a mi gato y cocinar.


viernes, 8 de mayo de 2009

Sin título # 6

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Hay tres cosas que me molestan sobremanera:

1. La mala ortografía

2. Las cucarachas

3. El hostigamiento


Y hoy me he topado con las tres. ¡Asco!

A petición de Amara o buscando a Zeta

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Ha de ser raro que si este espacio fue creado para vomitar todos mis alucines y la mayoría de ellos son en torno a Zeta, de pronto y mágicamente aparezcan más mujeres tales como mi ex-novia u otra de profundos ojos verdes que me intimida de tal manera que no puedo siquiera acercarme a ella, como tema de mis textos. Pero esa es la ventaja de que este blog sea mío y de más nadie: soy yo quien manda y decide de quién se escribe y quién no se puede mencionar.

Pero leyendo el comentario que me dejó alguien llamada Amara –a quien no pude identificar pues no tiene un blog activado- me imagino que le pareció extraño darse cuenta que Zeta dejó de ser tema. Y sí, Zeta dejó de ser tema tanto en mis letras, como en mis pensamientos, pero aún no sé si en mis sentimientos.

En un post pasado mencioné algo así: de tanto que me duele, ya no me duele. Creo que sigo en el mismo punto, con la diferencia que en estos ocho meses de su ausencia me he dado cuenta que lo que verdaderamente me tiene herida es mi ego. Ni yo misma entiendo cómo procede mi comportamiento, cómo hago para –verdaderamente- dejar de pensar en ella, para no extrañarla en mi vida, en mi espacio, en mi casa, en mi cama; cómo hago para no ver su cara en mis noches de calentura mientras me masturbo. No sé. Pero lo que sí sé es que estoy mucho mejor sin ella y esa sensación de tranquilidad no tiene precio.

¿Dónde quedó Zeta? Esta es la pregunta de Amara, y no sé qué responder. Zeta está en Ciudad de México, viviendo con su mujer con la que aparentemente –por fin y por vez primera- mantiene una relación estable; trabajando para una revista, viviendo la vida que le gusta.

En mi vida no sé dónde quedó, creo que ya pasé por todas las facetas posibles: dolor, humillación, enojo, rencor, hasta llegar a la indiferencia. Una indiferencia real, no hay escondido entre mis más profundos secretos alguna llama de esperanza para verla regresar. Se llevó con ella todo el amor que le ofrecí, no me dejó nada para aferrarme a su recuerdo, me dejó vacía y sin saberlo, fue lo mejor que pudo hacer por mí.

Hoy por hoy no estoy enamorada de nadie, ni de Zeta –increíble-; ni de la otra que sigue siendo la luz de mis ojos y aún posee cierta injerencia en mí; ni de aquella que tiene un par de esmeraldas por mirada y me roba el aliento y aniquila mi entereza.

Amara querida, lamento de verdad no poder responderte dónde quedó Zeta, porque por más que la busco, no la encuentro dentro de mí…

jueves, 7 de mayo de 2009

Beso

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No sé si es el calor, no sé si es todo el tiempo que llevo en celibato, pero me urge sentir el roce de la piel de alguien sobre la mía. Pero tampoco es cualquier piel aunque tampoco es alguna conocida, es una nueva, de suave textura y delicioso olor. Es esa que me invento en mis habituales noches de soledad cuando cierro los ojos e intento crear un nuevo rostro. Quiero acordarme qué se siente besar; la sensación de nervios en el estómago cuando las bocas a punto están de juntarse, cuando recorre un doloroso escalofrío por la espalda que se alivia con sólo sentir los labios ajenos entreabiertos, su humedad, su saliva, la calidez de su lengua explorando lugares nunca recorridos.

Tendré que darme otra ducha para calmar esta ansiedad que me invade…


domingo, 3 de mayo de 2009

Sin título # 5

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Hoy fue un lindo día, me divertí bastante. Casi siempre estoy rodeada de un montón de amigas mujeres, soy muy mujeriega y no en el sentido estricto de la palabra, simplemente me gustan las mujeres: sus rostros, sus cuerpos, sus movimientos, sus pensamientos, sus acciones sus ademanes, ¡vaya, tanta cosa! Así que aunque me rodeo de mujeres y de cada una de ellas haya cosas que me gustan, no se traduce en que me enamore de ellas. Soy una mujer difícil de enamorar, no de que me enamoren, sino de enamorarme; he ido comprendiendo que me cuesta más esfuerzo que a los demás aquello de “encariñarse”, conocer a alguien, hacer click, empatía inmediata e instantáneamente el amor –en cualquiera de sus manifestaciones- se hace presente. Yo no puedo, simplemente no puedo. Mis querencias son pocas pero constantes. Por lo tanto me he enamorado dos veces y media aunque suene ridículo, la primera vez: fantástico; la segunda: caótico, y la media restante: insufrible, así que no hubo oportunidad de que se convirtiera en amor completo; cuando no te dan permiso de enamorarte más, pues no te enamoras y ya.

Bien, pero no es este mi tema. Hoy salí a comer con un grupo de hombres, tan homosexuales como yo pero hombres a fin de cuentas. Algunos mis amigos, otros agregados y definitivamente todos guapísimos. Me hicieron el día y me di cuenta que mi fobia al género masculino no es real, es solo un disfraz de los tantos que me he comprado a lo largo de mi vida sin ninguna razón lógica aparente.

Sin embargo, en la soledad de mi cuarto, donde estoy escribiendo en este momento, caigo en cuenta que soy muy lesbiana; que los hombres son estupendos amigos, las mujeres son estupendas amigas también, pero esas pocas que mis ojos rara vez voltean a ver detenidamente, esas que roban mi atención y que me sacan la sonrisa son las que me hacen recordar que tal vez si puedo comprometerme, que tal vez no le tengo tanto miedo al amor, que sí puedo manejar el timón de mi barco, que no es necesario tensar el cuerpo y estar a la defensiva; que quizás no sea necesario correr despavoridamente cuando algún día una de esas me diga “te amo”.

Aunque la verdad, espero que para eso pase mucho tiempo, por lo pronto me conformo con gustarle a alguien y que me guste. Muero por volver a sentir eso otra vez, muero.