¿Por qué no puedo ser una mujer normal? La vida sería mucho más fácil de llevar.
Para empezar: ¿Por qué no me gustan los hombres? Podría tener una vida de revista: marido, hijos, casa, camioneta, perro y gato. Y de todo eso nomás tengo el gato. Porque ni a novia llego.
¿Por qué no me gusta mirar televisión? Sería fantástico aplacar a las neuronas de mi cerebro y dejar de estar todo el día pensando y pensando mientras me concentro solamente en un aburrido programa.
¿Por qué no soy adicta al Facebook? Apenas la semana pasada un amigo mío ya no pudo más con lo que él llamó: “mi retraso” en el mundo cibernético. Hoy soy miembro de FB pero aún no comprendo cómo se maneja.
Y como esas cosas, tampoco soy adicta al Messenger, ni al Wii, ni al Xbox ni a nada que enajene los sentidos. Ni siquiera soy adicta a las drogas.
Pero me encanta leer, escribir las estupideces que se me ocurren, tomarme un buen vino en agradable compañía, escuchar música, acariciar a mi gato y cocinar.




